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Casi todas las preguntas que llegan antes de una compra son sobre el robot: qué modelo, cuánto rinde, cuánta autonomía tiene. Las que llegan después son distintas: quién configura las rutas, si hay que estar pendiente todo el día, cuánto tarda en aprenderse el espacio.

Este artículo responde a esas, con los tiempos reales de cada fase.

La visita técnica: entre 50 minutos y 2 horas

Antes de que el robot entre por la puerta hay una visita al espacio real. Dura entre 50 minutos y 2 horas según el tamaño de la instalación, y sirve para ver siete cosas:

Estas dos horas son las que evitan la mayoría de sorpresas posteriores. Un pasillo cinco centímetros más estrecho de lo previsto o una junta de dilatación más alta de lo que salva el modelo elegido son problemas baratos de resolver aquí y caros de resolver después.

El mapeo: por qué un robot de limpieza tarda mucho más

El robot no llega programado para tu espacio: llega en blanco. El primer paso de la instalación es recorrer la instalación con él para que sus sensores construyan el plano digital del entorno. Ese trabajo lo hacemos nosotros, presencialmente, en tus instalaciones.

Lo que casi nadie espera es la diferencia de tiempo entre un tipo de robot y otro. Un robot de reparto (HolaBot, BellaBot) en un restaurante de 15-20 mesas sin pasos estrechos se mapea en alrededor de 2 horas: necesita saber llegar a unos puntos concretos —mesas, cocina, barra— y volver.

Un robot de limpieza es otra cosa. Hay que definir zonas completas, con sus rutas, sus solapes, sus prioridades y sus exclusiones. Y aquí llega el matiz que más gente se salta: el tiempo no depende de los metros cuadrados, depende de la complejidad del espacio.

Una nave diáfana de 5.000 m² se mapea en relativamente poco tiempo. Lo que consume las horas es el ajuste fino de la limpieza junto a paredes, en pasillos y en los recovecos.

Un ejemplo de una instalación reciente con un MT1: 11 horas en total para tres mapas de 2.400 m², 1.100 m² y 1.400 m². El de 1.400 m² tenía más recovecos y llevó más tiempo que el de 2.400, que era más despejado. Casi el doble de superficie, menos horas de trabajo.

Por eso no existe una regla de «tantas horas por cada mil metros». Al planificar una instalación, lo que hay que mirar no es el total de superficie sino cuántas paredes, esquinas, columnas y pasillos estrechos hay que bordear.

Formación: presencial al terminar

La formación de uso se hace presencialmente, al finalizar la instalación, con el equipo que va a trabajar con el robot. Es el momento adecuado: el robot ya está mapeado, las rutas están cargadas y se puede practicar sobre el espacio real en lugar de sobre un manual.

Cuando por lo que sea no puede hacerse presencial ese día —turnos, disponibilidad del equipo, una obra a medias— la alternativa es formación online, que también hacemos. No es la opción preferida, pero funciona y evita que el robot se quede parado esperando a que cuadren las agendas.

Las primeras semanas: las llamadas de ajuste

Esto es lo más previsible de todo el proceso y conviene decirlo claro: en las primeras semanas el cliente llama para cambiar cosas. Casi siempre.

No es señal de que algo haya salido mal. Es que una cosa es plantear sobre el papel qué debe hacer el robot y otra distinta verlo funcionando en tu propio espacio. Al verlo, aparecen ajustes que nadie podía anticipar en la visita técnica: una ruta que cruza una zona más concurrida de lo previsto a ciertas horas, un horario que conviene desplazar, un punto de entrega que estaría mejor dos metros más allá.

La mayoría de estos cambios se resuelven en remoto, sin necesidad de que nadie se desplace. Es parte normal de la puesta en marcha, no una incidencia.

Reparto y limpieza no se adaptan igual

Los plazos de adaptación son muy distintos según el tipo de robot, y merece la pena saberlo antes para no preocuparse sin motivo:

Robots de reparto en restauración. La adaptación es casi inmediata. En menos de un día de uso, los camareros y el personal de sala ya saben manejarlo. En menos de diez días, el equipo lo considera imprescindible. Es el caso más rápido con diferencia.

Robots de limpieza. El proceso es más lento, y la razón es la misma que alarga el mapeo: hay que redefinir rutas y horarios varias veces una vez el cliente ve el robot trabajando. Cada pasada revela algo —una zona que necesita más frecuencia, otra que se puede espaciar, un horario que choca con la operativa—. Ahora bien, una vez cerradas las rutas y los horarios definitivos, la adaptación del equipo es incluso más rápida que en reparto: el robot pasa a funcionar solo y deja de requerir atención.

Qué pasa con el mantenimiento

Por defecto, los equipos llevan la garantía del fabricante, que cubre las piezas. A partir de ahí existe la opción de contratar un mantenimiento, y conviene subrayar que es opcional: nunca es obligatorio ni va incluido a la fuerza en la operación.

Merece la pena valorarlo en instalaciones donde el robot es crítico para la operativa diaria —una nave que depende de él para mover material entre zonas, por ejemplo— y menos en usos más ocasionales o de refuerzo.

Qué merece la pena mirar

La plataforma de gestión del robot registra su actividad, y aunque no hace falta convertirlo en un informe formal, hay cuatro cosas que dicen bastante durante las primeras semanas:

Ese último es probablemente el indicador más honesto de todos: la implantación está estabilizada cuando dejan de sonar el teléfono y las peticiones de cambio, no cuando se cumple una fecha marcada en un calendario.

Nuestra opinión

La puesta en marcha no termina el día de la instalación, y quien te diga lo contrario no ha instalado muchos robots. Termina unas semanas después, cuando las rutas ya reflejan cómo funciona tu espacio de verdad y no cómo se planteó sobre el plano. Esas llamadas de ajuste de las primeras semanas no son un problema del proyecto: son el proyecto. Si estás valorando automatizar, cuenta con ellas en la planificación y pregunta a tu proveedor si están incluidas o si cada cambio se factura aparte. Ahí se ve la diferencia entre vender una máquina e implantar una solución.